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El Presidente Calderón en la Inauguración del Foro Nacional Seguridad con Justicia

24 jun 2009 | Discurso

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Ciudad de México

 

 

Muy buenos días, amigas y amigos.

Señor Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Diputado César Duarte Jáquez, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Doctor Marco Antonio Adame Castillo, Gobernador del Estado de Morelos.

Señor licenciado Alejandro Martí, Presidente de México SOS y Representante de la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia.

Doctora Ana Laura Magaloni, organizadora de este Foro.

Distinguidos representantes de instituciones académicas, organizaciones civiles, ciudadanas, empresariales.

Muy apreciables integrantes del presídium.

Legisladores.

Invitados especiales.

Señoras y señores:

Para mí es un privilegio estar el día de hoy con ustedes en esta Inauguración del Foro Seguridad sólo con Justicia, un importante espacio de reflexión y de propuesta ciudadana que impulsará, estoy seguro, con mucho mayor fuerza, los cambios tan indispensables a nuestro Sistema de Justicia Penal.

Saludo con aprecio a todos los integrantes de las asociaciones civiles, empresariales, organizaciones no gubernamentales e instituciones académicas que hoy nos acompañan, y les felicito por su compromiso por México.

Construir un México más seguro, requiere de manera indispensable la participación de los ciudadanos; es cierto, es fundamental, requiere el compromiso del Gobierno, y sin él, es imposible construir ese México.

Pero el compromiso del Gobierno no basta; de ahí la gran relevancia de espacios, como este Foro, en el que se discutirán los desafíos que plantea a las instituciones y a la sociedad la implementación de la Reforma al Sistema de Justicia Penal.

Por lo que toca al Gobierno Federal, estamos haciendo lo que nos corresponde para llevar a buen puerto la transformación integral de las instancias de seguridad y de justicia en los plazos establecidos por el Constituyente permanente y lo hacemos conscientes, además, de las inercias, de los obstáculos, de las resistencias y de los intereses que tenemos que enfrentar y que vencer.

Y actuamos convencidos de que nuestra tarea es hacerlo con visión de Estado, al margen de cualquier consideración política, tomando decisiones que involucran el corto plazo, el mediano y el largo plazo con un objetivo claro: legar a los mexicanos instituciones eficaces, transparentes y confiables.

En el corto plazo, era urgente empezar a romper las redes de complicidad y de cobertura que el crimen organizado ha venido tejiendo en las instituciones encargadas de la seguridad y procuración de justicia, y del propio orden político.

A nivel Federal, esta lucha frontal ha llevado a la detención en el marco de la Operación Limpieza, de un importante número de servidores públicos en instituciones como la propia Procuraduría General de la República o la Policía Federal, e incluso las Fuerzas Armadas. No ha sido tarea fácil, pero sabemos que el buen juez por su casa empieza.

Y por eso, seguiremos combatiendo el cáncer de la corrupción en todas las instituciones federales, sin distingo alguno.

Y sabemos también, recordando a José Ángel Conchello, que para combatir la corrupción no hay que olvidar que las escaleras deben barrerse de arriba para abajo

Estamos comprometidos en ello, y comparto plenamente la indignación y la exigencia que ha expresado ahora Alejandro Martí, respecto de esta situación indignante que padece la vida del país.

En el ámbito del Gobierno Federal, precisamente, por eso estamos actuando, y porque sabemos de la profundidad de estas redes es por lo que estamos actuando contra ellos. Y en este punto sí puedo decir que tales redes no están intocadas ni son intocables.

Por lo que hace a los órdenes estatales y municipales, tampoco nos hemos quedado cruzados de brazos. Tenemos claro que enfrentamos un enemigo cuyo poder de corrupción, intimidación, amenaza y cooptación no distingue filiaciones partidistas o políticas, ni divisiones entre órdenes de Gobierno.

Y por eso estamos desarticulando redes de corrupción intocadas hasta ahora, que operaban lo mismo en instituciones de seguridad y justicia del orden estatal, que al interior de los gobiernos municipales.

Este esfuerzo no tiene, ni puede, ni debe tener tintes políticos o partidistas; porque lo que está hoy en juego no es el resultado de una elección, sino el futuro de la democracia, de las instituciones representativas, de nuestra capacidad como país para alcanzar el desarrollo por la vía de la legalidad y para dar a cada familia la oportunidad de una vida tranquila y en paz.

Nuestra estrategia de cambio institucional contempla también, amigas y amigos, acciones en el mediano y en el largo plazo. En ese marco, en el que se inscribe la reforma, es en el que se inscribe la Reforma Constitucional en Materia Penal y de Seguridad, impulsada por la sociedad, por el Gobierno Federal, y aprobada por el Congreso de la Unión y el Constituyente permanente.

Y el objetivo ahí también es claro: poner fin a la impunidad y proteger los derechos de las víctimas del delito.

No queremos, ciertamente, que prevalezca el estado de cosas actuales. No estamos de acuerdo ni con las estructuras de poder que, permisivas al delito, son ajenas y distantes a la ciudadanía; ni puede pretenderse que haya seguridad sin justicia, estoy de acuerdo; pero tampoco queremos Reforma Penal con impunidad, no queremos Reforma Penal que, centrada en la innovación de los procesos, conduzca a prácticamente lo mismo, a un sistema de justicia que protege a los delincuentes y que abandona a las víctimas.

Reforma, sí, pero una Reforma que proteja a las víctimas y no propicie la impunidad de los delincuentes. Sé que con esta Reforma se habrá iniciado un tránsito gradual hacia un sistema acusatorio que habrá de imprimir, estoy seguro, claridad y transparencia al proceso penal.

Y eso será posible gracias a innovaciones tan importantes como los juicios orales, que se desarrollarán plenamente en audiencias públicas ante la presencia del juez, quien también obligadamente presenciará el desahogo de las pruebas y de los alegatos; así podremos ofrecer a los ciudadanos un sistema de justicia, respetuoso de los derechos humanos, transparente y que proteja con celeridad y eficacia sus derechos.

También vale la pena destacar otro cambio fundamental, la adopción del principio elemental de presunción de inocencia; toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad.

La Reforma establece, además, nuevas medidas en favor de los derechos de las víctimas, como recibir asesoría jurídica, coadyuvar con el Ministerio Público e, incluso, intervenir en el juicio, además de las consideraciones ya hechas para proteger el resarcimiento patrimonial de lo sufrido por un delito.

Por parte del Gobierno Federal, buscamos transformaciones necesarias para la eficaz implementación de esta Reforma. Algunas de las acciones que se han hecho son las siguientes:

En primer lugar. Con la nueva Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública estamos avanzando hacia un Sistema de Seguridad y de Procuración de Justicia verdaderamente coordinado, con instituciones policiacas reguladas por estándares homogéneos de ingreso, permanencia y control de confianza de los cuerpos policiacos y ministeriales.

Porque nada dificulta más y hace nugatoria la aspiración de seguridad de los ciudadanos, que la corrupción en los cuerpos policiacos; porque es imposible dar un paso en la dirección que deseamos si no tenemos instrumentos eficaces en la seguridad y en la procuración de justicia que nos permitan actuar como sociedad organizada y como Gobierno.

Por eso al día de hoy, el Gobierno Federal ha aplicado casi 11 mil evaluaciones de control de confianza a servidores públicos federales, que representa un avance de más del 60 por ciento del total.

Este es un esfuerzo de Diógenes. Estamos buscando con estas lámparas, o con esta lámpara, dónde están, cuáles son, quiénes son los ciudadanos honestos encargados, precisamente, de vigilar por la seguridad y por la justicia en nuestra sociedad.

En segundo lugar. En el marco de la nueva Ley de la Policía Federal, queremos transformar de raíz la función policial en nuestro México.

Por ejemplo, hace unas semanas dieron inicio los cursos de la Primera Generación de Policías Investigadores de Inteligencia de la Policía Federal, la semilla de una verdadera policía científica; jóvenes profesionistas, universitarios graduados que están recibiendo ahora un entrenamiento técnico y científico a la altura, queremos, de las mejores agencias de investigación en el mundo. Porque sólo con policías mejor capacitados podremos derrotar a la delincuencia.

En tercer lugar. Gracias a la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República, estamos dotando a los Ministerios Públicos de la Federación, con mejores herramientas para investigar los delitos, perseguir a los delincuentes y velar por la seguridad y protección de las víctimas.

E, igualmente, en la Procuraduría General de la República se ha iniciado un esfuerzo enorme por depurar, fortalecer y asegurarnos de que sus integrantes, Ministerios Públicos o miembros de la Agencia Federal de Investigación, sea gente honesta y capaz.

Cuarto. Estamos impulsando la innovación tecnológica que permita, precisamente, la actuación científica de las investigaciones ministeriales y policiacas.

Hemos creado el Sistema Único de Información Criminal, basado en la Plataforma México, una primera gran base de datos que reúne por primera vez toda la información criminal disponible en el país, y a la cual se están ya interconectando todos los estados de la República y los municipios más importantes.

Y ayer mismo echamos a andar la entrega de los chips que irán agregados a todos los vehículos en México, porque se ha puesto en marcha ya el Registro Público Vehicular, que nos permitirá, verdaderamente, asegurar que la investigación de los delitos cuente, precisamente, con soportes registrales en algo tan elemental en una sociedad, como son los vehículos automotrices.

Durante años, amigas y amigos, se fue permitiendo que la delincuencia y la criminalidad crecieran, se expandieran y penetraran.

Quizá se pensó que era un asunto manejable; quizá se pensó que mientras ellos estuvieran en sus asuntos, nosotros podríamos seguir nuestra vida tranquila y en nuestra casa.

Quizá se pensó que actividades criminales lucrativas, pero a final de cuentas que parecían distantes a nosotros, como el crimen organizado y el narcotráfico, no tendrían consecuencias en la vida cotidiana de los gobiernos o de los ciudadanos.

El hecho es que ahora México enfrenta costos elevadísimos de permisividad, tolerancia y corrupción.

Nosotros queremos que las cosas cambien, y por eso estamos actuando como estamos actuando, porque lejos de tratar de ignorar este problema, en esta Administración estamos haciendo un esfuerzo enorme por hacer un cambio de fondo, porque con todo el poder del Estado estamos marcando un alto a las mafias del crimen organizado que pretendían apoderarse de nuestras comunidades.

Con claridad y firmeza estamos enfrentando las redes de corrupción al interior de los gobiernos y de las instancias de seguridad y justicia del Gobierno Federal y de todos los gobiernos.

Y no es sólo, ni principalmente, amigas y amigos, el problema del narcotráfico; nuestra batalla es contra el crimen organizado, porque esa es nuestra responsabilidad y porque el crimen organizado ha corrompido y envilecido la vida social de las comunidades, y en ese entorno permisivo y cómplice han florecido el robo, el secuestro, la extorsión y la violencia, que afectan dramáticamente la vida de los ciudadanos.

Y para proteger la vida de los ciudadanos, su patrimonio y su integridad física, por eso, precisamente, estamos luchando, con todo,  contra las redes de complicidad de la criminalidad en México. Nuestra prioridad es la seguridad.

Y hoy los mexicanos estamos ante encrucijadas históricas. Una de ellas es esta. O seguir adelante en esa lucha, asumiendo con entereza sus costos o, por otra, la falsa alternativa de dar marcha atrás y de permitir el regreso a la práctica de las tolerancias del Gobierno frente al delito, frente a la corrupción y frente a la impunidad.

Voltear la cara, hacerse de la vista gorda ante lo evidente del crimen, como algunos políticos pretenden, no es opción para México.

No es momento de dar un paso atrás. No es momento de bajar los brazos y claudicar. Es absurdo pretender que volteando la vista, el crimen dejará de afectarnos en nuestras calles, en nuestras casas.

Y debemos seguir adelante porque es mucho lo que está en juego; y por eso, yo exhorto a todos los liderazgos políticos y sociales a sumarnos de manera comprometida a una agenda clara a favor de la legalidad, de la justicia y de la seguridad, como ha sido lo asentado en los compromisos del Acuerdo Nacional en favor de todos los mexicanos.

Señoras y señores:

La situación que vive México en materia de seguridad hoy, y de justicia, es, sin duda, consecuencia de muchas de nuestras omisiones, de indolencia, de corrupción, de ilegalidad y de impunidad.

Estos males se fueron enquistando en diversos ámbitos de la vida nacional; en las instituciones públicas, sí, pero también en otras esferas de la vida social, donde llegaron a ser vistas como parte de lo cotidiano.

La solución a este problema sólo puede ser integral y debe venir de todos los actores institucionales, políticos, económicos, sociales y cívicos.

Es cierto, la respuesta debe venir en primera instancia de los gobiernos, de los representantes populares, de quienes tenemos responsabilidades públicas, pero también es necesaria la participación y la presencia de los ciudadanos, como se ha dicho aquí.

Me impresiona el relato de Alejandro Martí acerca de Los Niños Blandos. Efectivamente, compartimos la misma percepción. Hay en las zonas de mayor violencia del país un reclutamiento interminable de jóvenes sin esperanza, sin familia, sin oportunidades, sin futuro, sin creencias, sin convicciones, que lo único que tienen a su alcance es, precisamente, adicciones en las cuales son inoculados desde niños y militancias esclavizantes hacia las mafias, que los utilizan, y al final de cuentas, antes de la mayoría de edad, los desechan.

Amanecen muertos, ejecutados, en alguna morgue, sin que nadie los reclame, como ocurre con más del 30 por ciento de los muertos en las ciudades de mayor conflictividad criminal, como es el caso de Ciudad Juárez.

Esos niños, que crecieron en espacios públicos abandonados a la delincuencia, deben crecer en espacios recuperados por la ciudadanía. Y por eso hemos hecho un esfuerzo para recuperar miles de espacios públicos en el país, desde el Gobierno Federal, y a pesar de la resistencia de algunas otras instancias de Gobierno, para poder devolverle esos espacios a la ciudadanía.

Y por eso hemos sextuplicado el presupuesto para prevenir y tratar adicciones entre niños y jóvenes para, precisamente, evitar que caigan en la nueva esclavitud de las adicciones.

Es importante la acción de la policía y de las autoridades de justicia, sí, para combatir a los delincuentes y atacar el delito; pero es tanto o más importante las acciones preventivas que el Gobierno, pero también la sociedad, puede hacer para generar, precisamente, espacios públicos; para generar, precisamente, prácticas de ciudadanía; para tratar y prevenir adicciones entre jóvenes y adolescentes.

No puede exigírsele a alguien en la ciudadanía que haga lo que no le toca hacer, como es perseguir a un delincuente; pero sí, todos podemos colaborar para que cada una de esas vidas, de esos cientos de miles de niños o jóvenes en México, tengan una vida orientada a su plena realización y no precisamente a su reclutamiento en las mafias y en el crimen.

Es cierto, por otra parte, que son muchos, muchos los servidores públicos que han caído en la corrupción, en la componenda y en la complicidad: policías o Ministerios Públicos o servidores públicos de todos los niveles de Gobierno.

Pero también hay que decirlo, amigas y amigos, que también son muchos los servidores públicos de carne y hueso que hoy están comprometidos con la lucha por la legalidad y por la seguridad; que son muchos los policías, y los soldados, y los jueces, y los legisladores, y los servidores que, al igual que ustedes, trabajan día con día con gran empeño para construir un país con justicia para nuestros hijos, por nuestras familias y para todos los mexicanos.

Que son muchos, también, los servidores públicos que han renunciado, ciertamente, a potenciales ingresos o comodidades que pueden encontrarse lejos del servicio público para, precisamente, comprometer los mejores años de su vida en cambiar al país.

Pueden ser pocos, es cierto, pero cuentan y cuentan mucho. Y vale la pena hacerlo, porque es hora también de reivindicar la participación ciudadana en la vida pública y también de reivindicar lo que debe ser el correcto servicio público y el servicio a los demás.

Y lo digo porque conmociona y llama poderosamente la atención el llamado de Alejandro el día de hoy: cómo podemos, verdaderamente, construir ciudadanía. Esa es la clave, a mi juicio, más allá de la Reforma Penal que, por supuesto, es indispensable; que, por supuesto, tendrá luz y renovado ánimo a partir de este Foro tan importante que hoy iniciamos, construyamos ciudadanía.

Cómo construir ciudadanía.

Esa es, a mi juicio, la encrucijada que México debe resolver. Y vale la pena recordar cuáles son los orígenes, incluso, de lo que la ciudadanía significa.

Ciudadanía y política, amigas y amigos, hoy son conceptos terriblemente distanciados. Ciudadanía y política parecen ser conceptos enfrentados, y a mi juicio la clave no es, para México, alejar aún más a la ciudadanía de la política o viceversa; la clave no es abrir o ahondar aún más la brecha entre política y ciudadanía. La clave de México es cerrar la brecha entre política y ciudadanía, porque ese es el problema.

Ciudadanía y política parecen ser conceptos distanciados, pero no encuentro, amigas y amigos, conceptos que puedan ser más próximos y más cercanos.

Hay que recordar que ciudadanía proviene del latín civitas, que significa ciudad, y política viene del griego polis, que también significa ciudad. La gran paradoja, amigas y amigos, es que etimológicamente ciudadanía y política significan lo mismo.

Y pienso que para que nuestro México cambie se requiere que ciudadanía y política también signifiquen lo mismo en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Estoy convencido, amigas y amigos, sí, que desde ambas vías, desde la política y desde la ciudadanía, tienen que construirse los puentes para darle a ambas palabras su pleno significado.

Estoy convencido de que el día en que la política abra de par en par sus puertas a la ciudadanía, este país cambiará. También creo que el día en que la ciudadanía haga suya y plenamente suya la política, este país cambiará.

Es cierto que la política tiene un saldo pendiente con la ciudadanía, pero también vale la pena reflexionar que la ausencia ciudadana, por las razones que se quiera: por incomprensión, por falta de oportunidad, por lo que sea; la ausencia de los mejores ciudadanos en la política, también crea la presencia de los peores políticos en la vida pública, en asuntos públicos que forman parte de los muchos problemas que con dolor y profunda convicción plantea a todos Alejandro Martí.

La política no puede ni debe reducirse al sufragio. Sí es indispensable el sufragio. Sólo a través del sufragio pueden crearse condiciones mejores de vida pública; pero el sufragio no basta.

Del sufragio efectivo tiene que pasarse a la democracia efectiva; es decir, a la democracia que sea útil, que sepa, que dé significado y que le restituya bienes públicos a los ciudadanos.

Y por eso la necesidad de cambios institucionales para que partidos políticos y representantes populares cumplan sus compromisos y respondan con hechos al electorado. En eso estoy plenamente de acuerdo.

Y déjenme ir un poco más respecto de un tema que ha planteado Martí en el pacto al que ha convocado a la ciudadanía.

Cuando era precisamente Diputado Federal, en 2002, presenté una iniciativa precisamente para impulsar la reelección o la elección consecutiva de legisladores y de alcaldes. Y otra iniciativa para reducir el número de representantes legisladores en ambas cámaras.

Yo hago votos, verdaderamente, que esta exigencia desde los ciudadanos a los políticos, hoy sí rinda fruto. Porque entonces fue rechazada, incluso, hasta con indignación por algunos actores políticos de aquella época y de ésta.

Yo tengo la convicción, amigas y amigos, que estas iniciativas que acercan precisamente a la política, a la rendición de cuentas hacia los ciudadanos, deben fructificar.

Pero también lo medular es que se requiere en la seguridad pública, sí, en la procuración de justicia,  la participación de los ciudadanos.

De hecho, la oralidad y la transparencia serán eficaces en la medida en que haya ciudadanos que vigilen esos procesos a través de la transparencia.

Pero si en algo hace falta, precisamente, la participación ciudadana, amigas y amigos, es en la política. Hoy más que nunca requerimos ciudadanos que participen en los asuntos públicos, en las decisiones públicas; y lo voy a decir con sus palabras: que participen en los partidos políticos.

Porque la frase aquella de que los ciudadanos tienen los gobiernos que se merecen, tiene que ver con la participación política. Si queremos que haya partidos políticos responsables y que respondan a los ciudadanos, no encontraremos esos partidos mientras no haya un constituyente elemental dentro de esos partidos que sea fundamentalmente ciudadano.

Ser ciudadano, vivir en esta realidad nuestra del México del Siglo XXI, convivir con los vecinos, pagar las cuotas del edificio o del condominio, sacar la basura, pagar los impuestos, ir a trabajar, llevar a los hijos a la escuela, eso que hace en la realidad cotidiana, tiene que estar presente en las decisiones públicas.

Y ha habido, sí, abandono de los partidos a los ciudadanos cuando les cierran las puertas, pero también es hora de preguntarnos, amigas y amigos, cuál ha sido la causa de la ausencia de los ciudadanos en los partidos y en los cargos, y en las decisiones.

Queremos mejores representantes, que haya mejores ciudadanos postulándose como representantes; queremos mejores partidos, hagamos esos partidos, participemos en los partidos, y si no convencen éstos, hagamos otros.

Pero se requiere que esta ciudadanía no más, no más esté ausente, precisamente, y este cambio institucional tiene que provenir sí de una clase política que no ha respondido, y que en opinión de los ciudadanos claramente ha fallado, pero tiene que venir de un renovado vigor de la fuerza ciudadana, que toma para sí las causas de la ciudadanía.

No cerremos. No es la solución, no es la solución alejar a la ciudadanía de la política, no permitamos que se ahonde esta brecha hasta que sea imposible de cerrarse, hasta que sólo venga, como dice Alejandro, la tentación de regímenes autoritarios que tanto daño le han hecho a nuestro país.

Se requiere cerrar bien esa brecha, se requiere ya hoy hacer de la vida pública, de la cosa pública, del servicio público una sola cosa con las aspiraciones y preocupaciones de la ciudadanía.

Del lado del servicio público, del lado del Gobierno, tomo medularmente este justo señalamiento que hace la ciudadanía. Y el compromiso es el esfuerzo para abrir esas puertas y que se construya desde este lado la parte de puente que nos corresponda.

Pero, también, amigos, es importante que el puente se construya desde los ciudadanos mismos, para que no haya más política sin ciudadanía y tampoco más ciudadanía sin política.

Consolidemos las instituciones democráticas, esta Reforma Penal tan importante; pero, sobre todo, más allá de lo que ocurra el próximo 5 de julio, comprometámonos todos a hacer de nuestra República no sólo un agregado de 105 millones de habitantes que simplemente coexisten, sino de ciudadanos que convivimos, participamos y nos responsabilizamos de nuestras decisiones colectivas, que no pueden estar lejos de los habitantes, los ciudadanos mismos.

La política es tan importante, que no puede dejarse sólo a los políticos.

Hagamos que la ciudadanía sea la protagonista de la política misma.

Muchísimas gracias.

Si me lo permiten. Hoy miércoles 24 de junio, siendo las 12 horas, me da mucho gusto declarar formalmente inaugurado el Foro Seguridad con Justicia, organizado por la Red Ciudadana por la Seguridad con Justicia.

Enhorabuena.

RESIDENCIA OFICIAL DE LOS PINOS, Tel. 5093 5300 Atención a la ciudadanía: 01 800 080 1127 (llamada sin costo)
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